Peluquería canina Conclusiones

La peluquería canina es una actividad que puede aportar mucha satisfacción personal ya que combina el trato y cuidado de unos animales excepcionales con la creación artística, es una profesión muy adecuada para personas dispuestas a superar retos, a aprender y mejorar de forma continua y que sean capaces de empatizar con los animales a su cuidado.

La anterior sería la visión positiva de la peluquería canina aunque lamentablemente las condiciones en las que actualmente se encuentra el sector hacen que con frecuencia este trabajo se convierta en una continua fuente de estrés y frustración que hacen que muchas personas pierdan la ilusión y opten por abandonar tras esfuerzo y gasto un futuro que imaginaban feliz.

Varios son los problemas que sufre el sector de la peluquería, higiene y cuidado animal.

-Imagen profesional devaluada.
Aunque hoy en día ha mejorado, la imagen del peluquero canino para gran parte de nuestra sociedad sigue siendo la del esquilador, que de forma a menudo abusiva en el trato, rapaba perros con la diferencia de que ahora contamos con locales mas acondicionados en los que cometer nuestras tropelías. A esta pésima imagen contribuye la realidad de que actualmente se sigue rapando indiscriminadamente todo animal peludo que se presenta en determinados centros.
Esta deficiente imagen profesional es la causa de que los clientes no sean mas exigentes a la hora de seleccionar un centro al que acudir con sus mascotas ya que a menudo consideran que todos son iguales.

-Falta de regulación.
La normativa escasa y ambigua permite que se realicen labores de peluquería canina en espacios no habilitados para la actividad y que un trabajo muy especializado y con ciertos riesgos sea realizado por personal sin la debida preparación previa y sin los medios adecuados.
La falta de titulación o acreditación profesional posibilita que cualquier persona realice sin trabas un trabajo especializado, delicado y de gran responsabilidad.

-Alto nivel de competencia desleal.
La competencia en tarifas a la baja y el desigual cumplimiento de la normativa merma la rentabilidad de aquellos empresarios de la peluquería canina que cumplen con todos los requisitos legales y fiscales limitando no ya su crecimiento sino la mera supervivencia empresarial.

-Oferta laboral en manos no profesionales.
La inclusión de servicios de peluquería canina en tiendas de animales y muchas clínicas veterinarias como una actividad complementaria hace que gran parte de la oferta laboral este manejada por personas desconocedoras de nuestra profesión, sin un criterio profesional adecuado en cuanto a la selección de candidatos ni en cuanto al perfil de los servicios ofrecidos en sus centros.
Esta actividad complementaria y frecuentemente considerada como promocional en estos centros canaliza la mayor parte de la demanda de servicios, limita el crecimiento en número de salones profesionales y la capacidad de contratación de los mismos ya que sus propietarios, generalmente profesionales de la peluquería canina con la debida formación  se ven obligados a trabajar en solitario.

-Formación no reglada.
La imprescindible formación continua y de calidad para el desarrollo de esta actividad se considera no reglada lo cual se traduce en la imposibilidad de acreditación de conocimientos y experiencia laboral adecuada al puesto de trabajo, la inexistente homogeneidad de contenidos entre las diferentes ofertas formativas y al crecimiento del negocio de la formación que convierten la búsqueda de un centro formativo en un laberinto lleno de trampas para quienes buscan iniciarse de manera adecuada. 

-Falta de unión del colectivo profesional.
El desconocimiento mutuo, el individualismo y tradicional rivalidad en competiciones de belleza canina o campeonatos de peluquería ha limitado varias iniciativas de asociación profesional.
De unos años a esta parte se está produciendo la entrada en el sector de personas no provenientes del considerado “mundo del perro”, profesionales selectivos en su formación, preparados para enfrentarse a una situación que solo puede cambiar cuando realmente nos sintamos compañeros y entendamos que el bien de cada uno de nosotros y el futuro de nuestra profesión pasa por una unión del colectivo basada en la confianza y el respeto profesional.