La maduración profesional

Se da en nuestra profesión una lamentable y triste situación que por un lado lleva a frustrar la vocación de un@s y por otra pone en riesgo la esperanza y la inversión de otr@s.

La cuestión es la dificultad que tienen l@s profesionales, tras adquirir la formación adecuada, para acceder a un puesto de trabajo que les permita madurar los conocimientos e incrementar las horas de prácticas en centros gestionados por profesionales de la peluquería canina mas experimentados.

La ocasión de seguir evolucionando habitual en otras profesiones se ve frustrada por la escasa capacidad de contratación de ayudantes en las peluquerías caninas ya establecidas debida a la competencia de clínicas y tiendas que son las que concentran la mayor parte de la oferta laboral del sector.

Esta situación les obliga a aceptar un puesto de trabajo para el que aún no están suficientemente preparad@s, someterse a una dirección y unas exigencias por parte de personas ajenas a la profesión y unas condiciones laborales que favorecen a la parte contratante en las que a menudo han de compatibilizar su trabajo como peluquer@s canin@s con la asistencia en la clínica o las tareas propias de una tienda de animales.

Es triste comprobar como personas con una gran vocación y buena mano para el cuidado animal acaban quemándose y abandonando su sueño o lanzándose a la aventura de iniciar su propio negocio invirtiendo los medios que pueden reunir en una lucha por la supervivencia empresarial en dura competencia con centros en los que al ser esta una actividad complementaria pueden permitirse ofrecer tarifas muy bajas o con quienes deciden trabajar por su cuenta y al margen del sistema.

Como formadores de nuevos profesionales desde hace años hemos asistido y seguimos asistiendo al momento en el que se enfrentan al vacío posterior a la finalización de su curso, a la necesidad que tienen de continuar, de madurar su formación y la incapacidad para integrarse en un centro especializado, a la frustración que supone en el mejor de los casos enfrentarse desde la inexperiencia a un puesto de trabajo en el que la exigencia es el tiempo de servicio por encima de la calidad o el bienestar del animal, a ofertas laborales en condiciones dudosas en las que ante cualquier queja se les ofrece la salida ya que para el contratante no es mas que otr@ posible candidat@ de l@s much@s que esperan tras la puerta.

Resulta lamentable también comprobar como en numerosas ocasiones los servicios de peluquería canina son realizados por personas sin la preparación necesaria y cuyo aprendizaje se ha basado principalmente en la imitación de las prácticas realizadas por quien le precedió en el puesto, sin una base formativa que le permita comprender lo adecuado o inadecuado de sus prácticas.

Solo se puede considerar profesional de la peluquería canina quien se preocupa de aprender continuamente sobre nuestra actividad, de evolucionar, de mejorar la técnica y los conocimientos de forma que el servicio de peluquería se realice con la seguridad, la calidad, el compromiso y el respeto que les debemos a los animales a nuestro cuidado y a quienes nos los confían.

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Pelar perros no hace a nadie peluquer@ canin@. Profesionales y aficionados.

Resulta demasiado fácil acceder a un oficio como el nuestro sin regularizar, con muchos factores adversos, que no está siquiera reconocido como una especialidad que implica una gran responsabilidad y que requiere una formación específica previa.
Es realmente sencillo acceder al mercado laboral y ejercer sin los conocimientos elementales ni la mas mínima acreditación puesto que ni los clientes ni muchas veces los empleadores dan crédito o valor a un oficio que a menudo consideran de muy baja cualificación.
La cuestión es que al carecer de una titulación cualquiera que se arme de maquinilla y tijeras puede autodenominarse peluquer@ canin@, situarse en el nivel o categoría profesional que le convenga e incluso llegar convencerse de que sus prácticas son las adecuadas y sus servicios de calidad profesional ya que dan salida a la demanda de sus clientes.
La carencia de titulación y de categorías profesionales nos coloca a tod@s l@s profesionales e incluso a l@s aficionad@s en el mismo nivel sin otra diferencia que el tiempo de ejercicio o la reputación entre l@s compañer@s, ambos factores que solo acreditan capacidad de supervivencia y de generación de admiradores o aliados.

¿Cual sería la diferencia entre un profesional cualificado y un aficionado?
La misma que en muchas otras profesiones ya que el poner un enchufe no hace a nadie electricista, ni poner un grifo te acredita como fontanero, ni cocinar a diario te hace cocinero, ni cortar el pelo a un familiar o amigo te hace peluquero.
La profesionalidad y la especialización la otorga la formación, la experiencia y el conocimiento profundo de la actividad u oficio que se realiza y este es un proceso que requiere tiempo y esfuerzo personal.
Cuando hablo de tiempo no quiero decir que quienes llevamos mas años ejerciendo hayamos alcanzado un nivel superior que nos otorga una supuesta experiencia porque el factor que determina el nivel profesional adquirido es por encima de todo la formación contínua, la necesidad de aprender no solo como se hacen las cosas sino porqué se hacen así proporciona una capacidad de analisis y un criterio personal que orienta el trabajo diario hacia una mejora contínua en el camino de la excelencia y el esfuerzo e interés aceleran el proceso ofreciendo profesionales sobradamente preparados en poco tiempo y otros estancados tras años de ejercicio profesional.

Tal y como están las cosas y mientras dejemos que sigan así la frontera entre profesionales y aficionados seguirá siendo difusa, aunque debería estar definida por el hecho de cobrar o no, marcando únicamente la diferencia lo que cada cual dice y hace, la obra de un profesional es hoy día su mejor cualificación y su éxito podríamos medirlo en la satisfacción de sus clientes y la estima o el valor que le otorgan sus colegas de profesión.