¡No me dejes, no quiero quedarme aquí!

¿Porque a algunos perros les cuesta tanto entrar en la peluquería?

Yo pienso que puede ser una mezcla de factores como la escasa socialización, la falta de habito, las experiencias negativas previas o incluso algunos olores que les resulten intimidatorios(como los que dejan las glándulas anales de anteriores clientes), pero sobre todo creo que se debe a que la rotura o el anticipo de rotura del vinculo con sus humanos les provoca una sensación de desamparo aumentada por los gestos de sus dueños quienes en lugar de animarlos a entrar a menudo expresan una lastima que comunican con frases como “pobrecito que ya sabe a donde va” cuando deberían decir algo así como “te dejo en buenas manos, relájate y disfruta”.

El momento de la entrada es muy importante y funciona muy bien no dirigirse ni tan siquiera mirar directamente al perro sino permitirle que sea el quien se acerque a su ritmo, o dejar que el dueño lo acompañe hasta dentro y le ayude a traspasar la “horrorosa” puerta de la peluquería y, si fuera necesario le asista incluso a subir a esa “extraña mesa” que sube y baja.
Tod@s conocemos la diferencia en el comportamiento que experimentan una vez que establecen un vínculo con nosotr@s y confían en que tenemos la situación controlada y nada malo les va a pasar.

Resulta curioso ver como hay perros que incluso viniendo con frecuencia se resisten a abandonar a sus acompañantes mientras otros entran felices pero eso depende de sus habilidades sociales y de su capacidad para enfrentarse a situaciones que no son capaces de gestionar adecuadamente pero en realidad su educación y correcta socialización depende de sus dueños y nosotros lo único que podemos hacer es no influir para ponerle las cosas mas difíciles aún y para mí la colaboración del dueño en la entrada y nuestra propia actitud son elementos primordiales.

El problema es que los dueños no entienden que ellos son los responsables de las reticencias o miedos de sus perros y tienden a culpar al peluquero expresando frases como “que le haréis que no quiere venir” con las que pretenden traspasarnos la culpa de sus miedos a nosotros.

Conviene gestionar bien la entrada atentos a lo que el perro nos está comunicando y establecer unos protocolos que reduzcan sus reticencias solicitando la colaboración de sus acompañantes y hacerlo de forma totalmente trasparente con lo que podemos ganarnos la confianza del animal de cuatro patas y de su compañero de dos.

Una entrada mal gestionada puede generar un aumento en el nivel de estrés del animal que costará reducir pudiendo acumularse a otros factores haciendo de la sesión de peluquería una experiencia muy negativa que evidentemente aumentará sus futuras reservas o miedos iniciales dificultando su necesaria higiene y cuidado.