Échale la culpa al peluquero

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Imagen cedida por una peluquería canina

Recibes a un perro totalmente enredado y abandonado por sus responsables, recuperas su manto, lo desenredas cuidadosamente, lo bañas y secas con todo tu cariño, y le cortas el pelo ofreciéndole una nueva y atractiva imagen.
Le dedicas todo el tiempo que el caso requiere adaptándote a su estado anímico, con calma y respeto. Un tiempo y un esfuerzo que sabes que no vas a cobrar pero no te importa porque la satisfacción de mejorar su higiene, apariencia y bienestar te compensa, porque tu vocación y el aprecio que sientes por estos animales te impulsa a actuar y asumir parte de los costes de su cuidado.
Devuelves el perro a su responsable explicando la dificultad de la tarea de recuperación de su manto y el estres que puede suponer para un animal a menudo poco acostumbrado al cepillado y dedicas una parte de tu valioso tiempo a comentarle la conveniencia, la necesidad de un mantenimiento regular y tu disposición a asesorarle y facilitarle la tarea.
Facturas y cobras una tarifa que no cubre tu esfuerzo y especialización con la esperanza de que el precio del servicio no sea un factor que impida que el animal reciba un mantenimiento y cuidado adecuado a sus características evitandole asi la vuelta al estado de abandono en el que lo has recibido.
Pero al poco tiempo recibes una llamada de la persona a la que no le importaba mantener a su compañer@ en semejante estado quejandose porque resulta que segun ella su perr@ tiene la piel irritada, incluso dice que quemada a consecuencia de tu trabajo.
Educadamente y con gran paciencia le explicas que tu has tomado todas las precauciones que tu experiencia y formación te dictan y procedes a intentar razonar las causas por las cuales puede, y digo puede, haberse generado una irritación, entre las cuales destaca el (lamentable) estado previo de la piel y el manto de su querid@ aunque poco atendid@ compañer@.
Casos así los hemos tenido tod@s y probablemente los sigamos recibiendo y actuando con la misma profesionalidad a pesar de resultar a menudo los responsables del abandono de otros, a pesar de hacer todo lo que esté en nuestras manos por mejorar el bienestar del animal, con la pena que nos produce ser testigos del lamentable estado en el que quienes dicen quererlos pero olvidan cuidarlos adecuadamente, porque a pesar de todo, a nosotros, los profesionales de la higiene y cuidado canino si nos preocupa su bienestar y nos preparamos a fondo para realizar con seguridad un servicio de calidad.

Recibo a menudo mensajes de compañeras comentando su día a día, cosas que pasan en las peluquerías caninas, situaciones e incidencias que son comunes para todos los profesionales, que se repiten y ante las cuales conviene tener las cosas claras.

Esta la he seleccionado para comentar en este blog porque considero que es un clásico en nuestra actividad. Me refiero a esas personas a las que les resulta extremadamente fácil culpar de las consecuencias de su negligencia en la responsabilidad de mantener adecuadamente a los animales que de ellas dependen a los profesionales que con paciencia, cariño y respeto se dedican a mejorar su estado.
Me preguntan que hacer, como actuar frente a este tipo de reclamaciones, y la respuesta es, con la misma paciencia y profesionalidad con la que ejercemos este oficio, ofreciendo explicaciones y asumiendo responsabilidades en el caso de que las hubiera. Y, por supuesto, disponiendo de un código de buenas prácticas que establezca un protocolo de actuación, responsabilidad y garantía frente a estas y otro tipo de incidencias que se puedan producir durante o a consecuencia del servicio de peluquería canina.

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